#2
Sinceramente, estaba hasta los ovarios de pasarse las tardes así, sentada justo en ese banco, teniendo otros treinta iguales donde hacerlo, pero aquel le gustaba. Y sabía que no servía de nada rascar con una llave encima de los nombres. Observaba a aquella pareja que se sentó enfrente suya hace una hora. Echaba de menos esas cosas. Lo necesitaba. Y ese era el problema, que ella nunca había necesitado nada.
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